miércoles, 4 de junio de 2014

Los afromexicanos; una veta olvidada







Por Luz Amelia Armas Briz

Recientemente, vimos en la entrega de los premios Oscar que la mayor distinción se dio a la película 12 Años Esclavo. Habría que preguntarnos si dicha cinta no obtuvo el galardón más por razones políticas que cinematográficas. La historia del músico esclavizado es buena pero quizás tuvo mayor peso el hecho de que la primera dama de Estados Unidos de Norteamérica es descendiente de familia de esclavos y que la población norteamericana todavía siente que tiene una deuda con los afroamericanos, por lo que cada vez conocen más su historia y la dan a conocer a través del cine y de la literatura.

En nuestro país, es preocupante la ignorancia que existe en el grueso de la población, respecto a los afromexicanos.  Los hemos hecho invisibles, los hemos silenciado; éstas son las prácticas que hemos escogido la mayoría de los mexicanos en  relación a la tercera raíz que nos conforma, la raíz africana.
La defensa de los indios, que hiciera Bartolomé de las Casas para liberarlos de la esclavitud, provocó que los españoles trajeran esclavos negros de África. En toda la Nueva España, a lo largo de tres siglos, negros y mulatos esclavos trabajaron en las minas, haciendas, obrajes y el servicio doméstico, contribuyendo a la bonanza económica de muchas ciudades, entre ellas, Querétaro. El mestizaje entre las tres razas: blanca, india y negra se dio de manera importante y debido a ella, en muchos lugares se fue perdiendo el fenotipo negro, que no la influencia cultural que todavía vemos en la comida, en la música y hasta en la forma de cargar a los niños.
A lo largo y ancho de la Nueva España, las esclavas vieron nacer y crecer a sus hijos en cautiverio, dado que la esclavitud se heredaba por vientre materno. Miles de estas mujeres fueron separadas de sus pequeños en cuanto éstos dejaban de tomar pecho, para ser vendidos al mejor postor. ¿Cuántos miles de negras y mulatas habrán sido maltratadas y violadas por sus capataces y sus amos? Sus gritos han sido callados por la historia.

En pocas ocasiones, esta veta olvidada, la de los afromexicanos, ha sido tomada en cuenta por algunos gobiernos, desgraciadamente para reafirmar que el racismo y la discriminación son prácticas comunes, aunque nunca se promulgaron aquí leyes de segregación racial, como sí se hizo en el país vecino.
Allá por el año 1988 llegaron a  la Costa Chica, región de población negra dentro de los estados de Oaxaca y Guerrero, expertos en medicina del deporte. El objetivo: buscar talentos deportivos bajo la hipótesis inicial de que los afromexicanos o mexicanos descendientes de negros, tenían el potencial de los de otros países como Estados Unidos, Jamaica o Cuba en pruebas atléticas de velocidad, por  el simple hecho de ser descendientes de la raza Mandinga, raíz de los mejores velocistas a nivel mundial.
El gobierno federal y los estatales iniciaron el proyecto. La calle principal de la población El Chivo, se convirtió en pista de atletismo donde la CONADE realizó pruebas a jóvenes de comunidades cercanas. Examinantes y examinados se entusiasmaron. Nunca se había visto correr de esa manera a ningún otro mexicano. Sólo faltaba enseñarles a correr con zapatos tenis, como se hizo. Se comenzó la instalación de dos centros deportivos, que nunca fueron terminados. Se llevaron a algunos jóvenes a la Ciudad de México con la promesa de ofrecerles una beca deportiva. Nada se concretó. Tras 15 días de vivir en un albergue, los jóvenes tuvieron que regresar a sus comunidades, donde, por cierto, las condiciones de vida son difíciles, los índices de analfabetismo altísimos, los servicios sanitarios casi nulos, así como el grado de urbanización.
Las razones que esgrimieron las autoridades para la cancelación del proyecto para fomentar el deporte en esta región, que acariciaba ya el sueño de salir de la miseria, fueron en el sentido de que se habían terminado los recursos y la falta de continuidad de los programas de un sexenio a otro.
El  rescate de la presencia de negros y mulatos en nuestro país comenzó con los esfuerzos del antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán a mediados del siglo XX, sin embargo, es necesario el trabajo de más investigadores. ¿Cuándo veremos en pantalla una buena película mexicana que trate el tema de la esclavitud a fondo? ¿Será que como los mexicanos cargamos con una doble culpa, el rezago indígena y el afromestizo, preferimos mantenernos en la esfera de la ignorancia?             

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