Recientemente, vimos en la entrega de los premios
Oscar que la mayor distinción se dio a la película 12 Años Esclavo. Habría que preguntarnos si dicha cinta no obtuvo
el galardón más por razones políticas que cinematográficas. La historia del
músico esclavizado es buena pero quizás tuvo mayor peso el hecho de que la
primera dama de Estados Unidos de Norteamérica es descendiente de familia de
esclavos y que la población norteamericana todavía siente que tiene una deuda
con los afroamericanos, por lo que cada vez conocen más su historia y la dan a
conocer a través del cine y de la literatura.
En nuestro país, es preocupante la
ignorancia que existe en el grueso de la población, respecto a los
afromexicanos. Los hemos hecho
invisibles, los hemos silenciado; éstas son las prácticas que hemos escogido la
mayoría de los mexicanos en relación a
la tercera raíz que nos conforma, la raíz africana.
La defensa de los indios, que hiciera
Bartolomé de las Casas para liberarlos de la esclavitud, provocó que los
españoles trajeran esclavos negros de África. En toda la Nueva España, a lo
largo de tres siglos, negros y mulatos esclavos trabajaron en las minas,
haciendas, obrajes y el servicio doméstico, contribuyendo a la bonanza
económica de muchas ciudades, entre ellas, Querétaro. El mestizaje entre las
tres razas: blanca, india y negra se dio de manera importante y debido a ella,
en muchos lugares se fue perdiendo el fenotipo negro, que no la influencia
cultural que todavía vemos en la comida, en la música y hasta en la forma de
cargar a los niños.
A lo largo y ancho de la Nueva España,
las esclavas vieron nacer y crecer a sus hijos en cautiverio, dado que la
esclavitud se heredaba por vientre materno. Miles de estas mujeres fueron
separadas de sus pequeños en cuanto éstos dejaban de tomar pecho, para ser
vendidos al mejor postor. ¿Cuántos miles de negras y mulatas habrán sido
maltratadas y violadas por sus capataces y sus amos? Sus gritos han sido
callados por la historia.
En pocas ocasiones, esta veta olvidada,
la de los afromexicanos, ha sido tomada en cuenta por algunos gobiernos,
desgraciadamente para reafirmar que el racismo y la discriminación son
prácticas comunes, aunque nunca se promulgaron aquí leyes de segregación
racial, como sí se hizo en el país vecino.
Allá por el año 1988 llegaron a la Costa Chica, región de población negra
dentro de los estados de Oaxaca y Guerrero, expertos en medicina del deporte.
El objetivo: buscar talentos deportivos bajo la hipótesis inicial de que los
afromexicanos o mexicanos descendientes de negros, tenían el potencial de los
de otros países como Estados Unidos, Jamaica o Cuba en pruebas atléticas de
velocidad, por el simple hecho de ser
descendientes de la raza Mandinga, raíz de los mejores velocistas a nivel
mundial.
El gobierno federal y los estatales
iniciaron el proyecto. La calle principal de la población El Chivo, se
convirtió en pista de atletismo donde la CONADE realizó pruebas a jóvenes de
comunidades cercanas. Examinantes y examinados se entusiasmaron. Nunca se había
visto correr de esa manera a ningún otro mexicano. Sólo faltaba enseñarles a
correr con zapatos tenis, como se hizo. Se comenzó la instalación de dos
centros deportivos, que nunca fueron terminados. Se llevaron a algunos jóvenes
a la Ciudad de México con la promesa de ofrecerles una beca deportiva. Nada se
concretó. Tras 15 días de vivir en un albergue, los jóvenes tuvieron que
regresar a sus comunidades, donde, por cierto, las condiciones de vida son
difíciles, los índices de analfabetismo altísimos, los servicios sanitarios
casi nulos, así como el grado de urbanización.
Las razones que esgrimieron las
autoridades para la cancelación del proyecto para fomentar el deporte en esta
región, que acariciaba ya el sueño de salir de la miseria, fueron en el sentido
de que se habían terminado los recursos y la falta de continuidad de los
programas de un sexenio a otro.



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