martes, 13 de mayo de 2014

Criatura mía - poema





de Araceli Ardón
Mayo 2014



Fue un acto de pasión
de emociones cálidas
y caricias exactas
pero no hablaré de ello.

Lo más importante no ocurrió
en la superficie
sino al centro mismo
de mi cuerpo.

Luego de horas de viaje
llegaste en el crepúsculo
a lomos
de un rayo de sol
que se percibe nítido
se convierte en oro dulce
en ocre de durazno
como una pluma que dibuja la nube
que se eleva redonda, perfecta
promesa de lluvia
niebla, rocío
presagio perfecto
del mensaje divino.

Dos células
entrelazadas
semillas de Dios
explosión de imágenes
viajeras felices al
encuentro total.

Mi vientre fue tu hogar
tuyo mi cuerpo entero
el ritmo de mi sangre
palpitaba por ti.

Te instalaste
en mis tejidos
convertidos en casa, nicho
fortaleza y capilla
donde se oficia cada día
el misterio de la vida.


Tu minúsculo ser 
menor que un pétalo
pesaba miligramos
y era un milagro.

Un sutil prodigio
in crescendo
creó la mórula
como una frambuesa viajera
que se acerca
que se afianza
que se aferra
y construye su morada.

Eras un embrión
en un saco amniótico
una piscina
dulce y tibia
un espacio hecho,
diseñado, construido
solo para ti
desde el principio del tiempo.

Eras un diamante
en el fondo de una mina
esperando ser descubierto
pulido, engarzado.

Eras lo más bello
suave y sutil
la creación más nueva
el capullo naciente
el brote de hierba
el musgo en la piedra

Eras lo mejor de mí.
Yo no lo sabía.


Llegó la noticia.
El resultado del laboratorio.
La prueba positiva.
Y mi mundo cambió.

Me volví tu madre
y desde ese momento
nada, nunca, podrá separarnos.

Ya vendrán terremotos, me dije
incendios, guerras, hambre, exilios
se volcarán sobre el mundo
las terribles desgracias
tú y yo estaremos juntos
mi bebé amado, mi criatura.


Nada temas.
Estoy contigo. Aquí estamos.
Tu padre y yo te amamos
y no hay nada más grande
en toda la historia.

Comenzamos a vivir
a sentir, comer, dormir
y a ser dos mitades
del mismo ciclo,
dos palabras
que se pronuncian juntas
dos corazones
con la misma sangre.

Con profunda humildad
y una explosión de ternura
agradecí al cielo
tu presencia microscópica
tu ser en mis entrañas.

Amor mío, vida mía, mi bebé,
fuimos creciendo juntos
para formar tus uñas
con la curvatura exacta
en su forma de luna.


Hicimos tus manos
de piel delicada
y dedos gordos, tiernos
para algún día
dibujar una jirafa
armar un rompecabezas
jugar con canicas
y acariciar un cachorro.

Tejimos tu cabello
y fueron cientos, miles
de hilos delgados,
de micras de diámetro
y brillante superficie
para cubrir tu cabeza
de rizos y mechones.

Para que tú
descubrieras el mundo
hicimos tus ojos
del color exacto
de los que tenía
tu abuelo paterno
cuando miraba lejos.

Hacer tu nariz
tomó un largo tiempo
para que percibieras
la infinidad de aromas
que tienen las frutas
los perfumes del huerto
y el olor del cariño.

Dibujamos tus labios,
delineamos mejillas
y el caracol de la oreja
que evoca al mar
con su eco nocturno
de vaivén de olas
y suavidad del agua
que deja en la playa
un beso húmedo
que no termina nunca.


Creciste.
Armaste tu casa de campaña
en mi vientre.
A ratos me vencía el cansancio
y despertaba pensando en ti
ofreciéndote, amor,
mis sinceras disculpas
porque me dolía tu peso
tus movimientos bruscos
contra mis costillas
mi hígado, mis riñones,
mis pobres huesos
movidos de lugar,
hechos a un lado, apartados
de su curva original.

Llegó el momento.
Tomó forma el sentimiento
y llovió dentro de mí.

Estalló una tormenta
que rompió la fuente
y la luz de atardecer
que rodeaba tu cuerpo
se volvió claridad
de mediodía.

No cabías más en mí
empujaste tu ser
por el túnel de la vida
y el dolor me abarcó
por completo.

Cada músculo mío
se alargó en tensión
y me mojé en sudor
mi sangre empapó
las sábanas
supliqué, vida mía
en cada contracción
que terminara pronto
el suplicio enorme
de partirme en dos
y de abrir mi ser
para tu nacimiento.

Vi tu cara
pequeña, rojiza,
llena de arrugas
un anciano en miniatura.

Tu cabeza adolorida
deforme todavía
por la estrechez de la salida
era, sin embargo,
la más bella prueba
del amor de Dios
y Su aliento soplaba
sobre aquel quirófano.

Entonces fui, sin duda
la mujer más feliz
de toda la historia
de las mujeres felices
que en el mundo han sido.


Esto que te narro, mi amor,
fue tan solo
el principio.

viernes, 9 de mayo de 2014

Invitación


La Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras, tiene el gusto de extender la invitación del Instituto Queretano para la Cultura y las Artes a la Conferencia Magistral a cargo de nuestra compañera la 

Maestra Luz Amelia Armas Briz

Será un honor contar con su asistencia