jueves, 26 de junio de 2014

Las mujeres en la literatura



Por Ana Cecilia Figueroa
Maestra en Historia

Hace algunos meses escuché una conversación de café entre dos hombres que, a primera vista, me parecieron medianamente letrados. Esta percepción cambió cuando uno le preguntó al otro: ¿quién es la mujer con la que te vi en el cine? Y el aludido respondió: “ah sí, es una pompi”. También he tenido el privilegio de verlos filosofar respecto a la naturaleza de la mujer, la cual les resulta incomprensible y, entonces, sólo atinan en decir: “ya sabes cómo son las viejas”.


Ni modo, es un hecho, las mujeres de Occidente en el siglo XXI aún cargamos con los resabios de la sociedad patriarcal-machista reflejada y reproducida en el léxico cotidiano. Con esto me viene a la mente la periodista Cristina Pacheco, quien afirma que para saber a dónde vamos no debemos olvidar de dónde venimos. Por ello, a manera de remembranza, vale la pena recuperar algunos fragmentos de la literatura producida en siglos pasados tanto en Oriente como en Occidente.

El famoso libro de Las mil y una noches puede ser un buen comienzo para estos fines. Recordemos que estos cuentos surgieron de la tradición oral de la sociedad islámica y fueron escritos entre los siglos VII y XVI. En una de las historias que componen la obra, la de “Aladino y la lámpara maravillosa”, se nos devela un pasaje interesante en cuanto a la idea que se tenía de la mujer cuando la madre de Aladino está esperando al Sultán para pedirle la mano de la princesa para su hijo, pero no se atreve a hacerlo por ser una simple plebeya. Entonces el visir, que no la conocía, le dijo al sultán: “debe ser una mujer que no viene más que para quejarse de pequeñeces. Seguramente dirá que su marido la ha golpeado”.

Ya en el siglo XIX, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer dedica algunos improperios a las mujeres, que hoy podemos leer en la obra El arte de insultar. Para empezar, este autor se refiere a la naturaleza del género femenino de la siguiente manera en el apartado Las mujeres y los niños: “Las mujeres son idóneas como cuidadoras y educadoras de nuestra primera infancia precisamente porque ellas mismas son infantiles, bobas y de cortos alcances, en una palabra: son de por vida niños grandes, una especie de escalón intermedio entre el niño y el varón, el cual es la persona humana propiamente dicha”.

En cuanto al papel que las mujeres de su tiempo debería desempeñar en la sociedad, este pensador alemán sostiene: “la auténtica dama europea es un ser que no debería existir, sino solo debería haber amas de casa y muchachas que esperasen llegar a serlo, y que por tanto no fuesen educadas para la arrogancia, sino para ser mujeres de su casa y para el sometimiento”.

En la Rusia de ese mismo siglo, el escritor Anton Pavlocich Chejov, uno de los narradores más reconocidos de su tiempo, también se refiere a las mujeres de manera nada halagüeña en el cuento Tristeza. En éste el protagonista es un hombre pobre, viudo, de avanzada edad, que acaba de perder a su único hijo y tiene la profunda necesidad de compartir su pena con otros hombres, pero nadie lo escucha, a nadie le importa su dolor. Al no encontrar un interlocutor, el narrador de la historia sugiere: “Lo mejor sería contárselo todo a cualquier mujer de su aldea; a las mujeres, aunque sean tontas, les gusta eso, y basta decirles dos palabras para que viertan torrentes de lágrimas”.
 

Con estas ideas que los hombres de todos los tiempos y de diversas latitudes han tenido respecto de las mujeres, queda claro por qué en pleno siglo XXI algunos de sus congéneres, no todos afortunadamente, nos reducen a una simple ‘pompi’. 

lunes, 16 de junio de 2014

Juego de pelota


Por Elizabeth Mejía
Arqueóloga

En el México antiguo se tienen evidencias materiales -figuritas o esferas de hule- desde aproximadamente el 2000 a. C., El juego de pelota fue una práctica generalizada en todo el país y el suroeste de Estados Unidos de Norteamérica en época prehispánica, aun en la actualidad existen regiones donde se practican variantes de este juego, llamado Ulama en Sinaloa. Por ello una tradición de cerca de cuatro mil años ha cambiado mucho.

En Colima, al Occidente de México dentro de una tumba cavada en la roca en el 1800 a. C. se hallaron 6 figuritas, 4 son varones jugando y 2 mujeres sentadas en posición de espectadoras. Mientras que las primeras pelotas reportadas datan del 1500 a. C. de la Costa del Golfo, en Veracruz y las primeras canchas reportadas están en Oaxaca y corresponden a este mismo periodo temporal.

En la zona Maya se sabe de la práctica del juego entre los años 300 y 900 d. C, se usaban canchas de paredes inclinadas llamados paramentos siendo Chichen Itza la de mayor tamaño y con paramentos casi verticales. En el centro de México, en Teotihuacán (200 a. C.-550 d. C.) algunos investigadores proponen que los murales representa varias modalidades de juego (con el pie, con bastón y con la cadera), aunque no se han hallado canchas todavía. La práctica del juego se popularizo todavía más con los Toltecas, entre el 600 y 1200, después de Cristo, para luego ser popular entre los mexicas y hasta la llegada de los españoles.

Sabemos que los españoles registraron dos tipos de juego, el de los dioses, practicado en las canchas más lujosas y grandes al centro de los pueblos importantes, donde se trató de un ritual nunca de un deporte y la cancha fue terreno sagrado donde se arreglaron tratados, intercambio de presentes y acuerdos. El otro tipo de juego de práctico en los barrios fue por diversión, ejecutado por profesionales, con público y se apostaban iba para apostar.

Con tantos años de uso es lógico pensar que la forma de juego cambio continuamente, por ejemplo en algunos códices mixtecas se presentan dos equipos de tres personas enfrentadas en cada mitad de la cancha con la línea media al centro en el eje longitudinal o a lo ancho; mientras que en otros códices se observan dos equipos de cinco personas dividiendo la cancha a lo largo. En cuanto a los aditamentos también son variados a lo largo de casi cuatro mil años; por ejemplo en Dainzu, Oaxaca se representa con careta y manopla, mientras que en las pinturas de Teotihuacán se representan con un bastón, con el pie o cadera. En cuanto al uso de los aros, tampoco hay constantes ya que hubo canchas mayas con aros y otras como en Toluquiila son ellos. Además, también los códices muestras aros móviles y otros con aros fijos.

lunes, 9 de junio de 2014

La hora de la definición


Por Levy Barragán
Colaboradora








“Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado […] es sólo un caparazón de hombre […] carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones”. José Ortega y Gaset nos describe al hombre promedio que sigue vigente; el hombre que no se compromete, que no aspira a la individualidad creativa, que se salva en el anonimato y se esconde hasta de sí mismo detrás de una máscara que ha elaborado para sobrevivir al riesgo que representa ser y pensar diferente. Ya Octavio Paz en su ensayo El laberinto de la soledad, habla de la propensión del mexicano a la simulación, como un rasgo de su personalidad. En palabras de Adolfo Sánchez Vázquez, “el problema que caldea al libro, sigue siendo el de la identidad del mexicano. Identidad de un carácter o ser que, para Paz, se cifra en su lejanía del mundo, de los demás y de sí mismo, ocultándose o enmascarándose tras su hermetismo, recelo, machismo, su modo de amar y de relacionarse con la mujer, su predilección por la forma, la simulación, la mentira y el disimulo”.


Aunque la creación de máscaras y la pasión por las representaciones no sean un rasgo exclusivo de los mexicanos, la predilección por la imagen y la apariencia la observamos y vivimos a diario, tanto en expresiones mínimas y cotidianas, como en discursos e imágenes de significado trascendente.

Ahí tenemos a las madres que visten a sus hijas de menos de diez años de edad, literal como princesas de cuento, con vestiditos de lentejuelas, tacones, diademas y por si eso fuera poco, les pintan los labios y las uñas. Así las enseñan a ser adultitas desde la edad temprana, alterando el proceso natural de madurez para adaptarse a imagen y semejanza de las aspiraciones maternas. Las niñas simulan ser jovencitas cuando apenas tienen cinco años de edad.

Otro ejemplo de simulación aquellos hombres ya mayorcitos de edad, de más de sesenta, que se disfrazan de seductores y viven en la eterna conquista de mujeres más jóvenes, como si eso fuera a detener el tiempo y sus naturales estragos. Lejos de construir relaciones maduras y duraderas, prefieren vivir en el imaginario del eterno adolescente. Están también los advenedizos que se disfrazan de políticos, porque visualmente son atractivos, carismáticos, buenos oradores y casi siempre tienen el apoyo de alguien en el medio. En fin por ejemplos no paramos.

Esta serie de reflexiones me lleva a pensar en el último reporte de la OCDE donde aseguran que los mexicanos se encuentran entre los habitantes más felices del planeta, de acuerdo a la encuesta aplicada en 156 países del reporte de Felicidad Mundial 2013, publicado por el Earth Institute de la Universidad de Columbia.

Pues bien, entre los países que reportan un mayor índice de felicidad están Dinamarca, Noruega, Suiza, Holanda y Suecia. México aparece nada más y nada menos en el lugar 16, pese a la enorme diferencia de los contextos económicos y los factores que determinan la calidad de vida, la brecha es breve.


¿Cómo es que un país con serios contrastes sociales, con uno de los mayores índices de desigualdad económica y de género, con los salarios más bajos de los países que integran la OCDE, un crecimiento económico por debajo de lo deseable, y altos índices de violencia, produce mexicanos felices?

Entonces me remito a la descripción que hace Ortega y Gaset, con la que inicio esta reflexión: en la disposición (¿natural? ¿cultural?) para fingir ser cualquier cosa y en esa capacidad (histriónica) para simular lo que no es (Octavio Paz) y crear escenarios y personalidades (máscaras) festivas que nos dan la apariencia de ser, no solo socialmente funcionales, sino muy felices, corroborando la profecía autocumplida del efecto Pigmalión.

Conscientes de nuestros orígenes, historia y vinculados al pasado en términos de aprendizaje. Seguros de nuestra capacidad para construir y no solo reproducir: ideas, conceptos, arte, modelos, esquemas y propuestas. Valientes a la hora de definirnos y fortalecidos en nuestra autoestima, enfocados más a los contenidos que a las formas, a la realidad sobre la fantasía; los mexicanos tenemos mucho que dar en términos de autenticidad, en lo individual y en lo colectivo, como personas comprometidas con su felicidad y como ciudadanos comprometidos con la calidad de su entorno.


miércoles, 4 de junio de 2014

Los afromexicanos; una veta olvidada







Por Luz Amelia Armas Briz

Recientemente, vimos en la entrega de los premios Oscar que la mayor distinción se dio a la película 12 Años Esclavo. Habría que preguntarnos si dicha cinta no obtuvo el galardón más por razones políticas que cinematográficas. La historia del músico esclavizado es buena pero quizás tuvo mayor peso el hecho de que la primera dama de Estados Unidos de Norteamérica es descendiente de familia de esclavos y que la población norteamericana todavía siente que tiene una deuda con los afroamericanos, por lo que cada vez conocen más su historia y la dan a conocer a través del cine y de la literatura.

En nuestro país, es preocupante la ignorancia que existe en el grueso de la población, respecto a los afromexicanos.  Los hemos hecho invisibles, los hemos silenciado; éstas son las prácticas que hemos escogido la mayoría de los mexicanos en  relación a la tercera raíz que nos conforma, la raíz africana.
La defensa de los indios, que hiciera Bartolomé de las Casas para liberarlos de la esclavitud, provocó que los españoles trajeran esclavos negros de África. En toda la Nueva España, a lo largo de tres siglos, negros y mulatos esclavos trabajaron en las minas, haciendas, obrajes y el servicio doméstico, contribuyendo a la bonanza económica de muchas ciudades, entre ellas, Querétaro. El mestizaje entre las tres razas: blanca, india y negra se dio de manera importante y debido a ella, en muchos lugares se fue perdiendo el fenotipo negro, que no la influencia cultural que todavía vemos en la comida, en la música y hasta en la forma de cargar a los niños.
A lo largo y ancho de la Nueva España, las esclavas vieron nacer y crecer a sus hijos en cautiverio, dado que la esclavitud se heredaba por vientre materno. Miles de estas mujeres fueron separadas de sus pequeños en cuanto éstos dejaban de tomar pecho, para ser vendidos al mejor postor. ¿Cuántos miles de negras y mulatas habrán sido maltratadas y violadas por sus capataces y sus amos? Sus gritos han sido callados por la historia.

En pocas ocasiones, esta veta olvidada, la de los afromexicanos, ha sido tomada en cuenta por algunos gobiernos, desgraciadamente para reafirmar que el racismo y la discriminación son prácticas comunes, aunque nunca se promulgaron aquí leyes de segregación racial, como sí se hizo en el país vecino.
Allá por el año 1988 llegaron a  la Costa Chica, región de población negra dentro de los estados de Oaxaca y Guerrero, expertos en medicina del deporte. El objetivo: buscar talentos deportivos bajo la hipótesis inicial de que los afromexicanos o mexicanos descendientes de negros, tenían el potencial de los de otros países como Estados Unidos, Jamaica o Cuba en pruebas atléticas de velocidad, por  el simple hecho de ser descendientes de la raza Mandinga, raíz de los mejores velocistas a nivel mundial.
El gobierno federal y los estatales iniciaron el proyecto. La calle principal de la población El Chivo, se convirtió en pista de atletismo donde la CONADE realizó pruebas a jóvenes de comunidades cercanas. Examinantes y examinados se entusiasmaron. Nunca se había visto correr de esa manera a ningún otro mexicano. Sólo faltaba enseñarles a correr con zapatos tenis, como se hizo. Se comenzó la instalación de dos centros deportivos, que nunca fueron terminados. Se llevaron a algunos jóvenes a la Ciudad de México con la promesa de ofrecerles una beca deportiva. Nada se concretó. Tras 15 días de vivir en un albergue, los jóvenes tuvieron que regresar a sus comunidades, donde, por cierto, las condiciones de vida son difíciles, los índices de analfabetismo altísimos, los servicios sanitarios casi nulos, así como el grado de urbanización.
Las razones que esgrimieron las autoridades para la cancelación del proyecto para fomentar el deporte en esta región, que acariciaba ya el sueño de salir de la miseria, fueron en el sentido de que se habían terminado los recursos y la falta de continuidad de los programas de un sexenio a otro.
El  rescate de la presencia de negros y mulatos en nuestro país comenzó con los esfuerzos del antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán a mediados del siglo XX, sin embargo, es necesario el trabajo de más investigadores. ¿Cuándo veremos en pantalla una buena película mexicana que trate el tema de la esclavitud a fondo? ¿Será que como los mexicanos cargamos con una doble culpa, el rezago indígena y el afromestizo, preferimos mantenernos en la esfera de la ignorancia?             

martes, 13 de mayo de 2014

Criatura mía - poema





de Araceli Ardón
Mayo 2014



Fue un acto de pasión
de emociones cálidas
y caricias exactas
pero no hablaré de ello.

Lo más importante no ocurrió
en la superficie
sino al centro mismo
de mi cuerpo.

Luego de horas de viaje
llegaste en el crepúsculo
a lomos
de un rayo de sol
que se percibe nítido
se convierte en oro dulce
en ocre de durazno
como una pluma que dibuja la nube
que se eleva redonda, perfecta
promesa de lluvia
niebla, rocío
presagio perfecto
del mensaje divino.

Dos células
entrelazadas
semillas de Dios
explosión de imágenes
viajeras felices al
encuentro total.

Mi vientre fue tu hogar
tuyo mi cuerpo entero
el ritmo de mi sangre
palpitaba por ti.

Te instalaste
en mis tejidos
convertidos en casa, nicho
fortaleza y capilla
donde se oficia cada día
el misterio de la vida.


Tu minúsculo ser 
menor que un pétalo
pesaba miligramos
y era un milagro.

Un sutil prodigio
in crescendo
creó la mórula
como una frambuesa viajera
que se acerca
que se afianza
que se aferra
y construye su morada.

Eras un embrión
en un saco amniótico
una piscina
dulce y tibia
un espacio hecho,
diseñado, construido
solo para ti
desde el principio del tiempo.

Eras un diamante
en el fondo de una mina
esperando ser descubierto
pulido, engarzado.

Eras lo más bello
suave y sutil
la creación más nueva
el capullo naciente
el brote de hierba
el musgo en la piedra

Eras lo mejor de mí.
Yo no lo sabía.


Llegó la noticia.
El resultado del laboratorio.
La prueba positiva.
Y mi mundo cambió.

Me volví tu madre
y desde ese momento
nada, nunca, podrá separarnos.

Ya vendrán terremotos, me dije
incendios, guerras, hambre, exilios
se volcarán sobre el mundo
las terribles desgracias
tú y yo estaremos juntos
mi bebé amado, mi criatura.


Nada temas.
Estoy contigo. Aquí estamos.
Tu padre y yo te amamos
y no hay nada más grande
en toda la historia.

Comenzamos a vivir
a sentir, comer, dormir
y a ser dos mitades
del mismo ciclo,
dos palabras
que se pronuncian juntas
dos corazones
con la misma sangre.

Con profunda humildad
y una explosión de ternura
agradecí al cielo
tu presencia microscópica
tu ser en mis entrañas.

Amor mío, vida mía, mi bebé,
fuimos creciendo juntos
para formar tus uñas
con la curvatura exacta
en su forma de luna.


Hicimos tus manos
de piel delicada
y dedos gordos, tiernos
para algún día
dibujar una jirafa
armar un rompecabezas
jugar con canicas
y acariciar un cachorro.

Tejimos tu cabello
y fueron cientos, miles
de hilos delgados,
de micras de diámetro
y brillante superficie
para cubrir tu cabeza
de rizos y mechones.

Para que tú
descubrieras el mundo
hicimos tus ojos
del color exacto
de los que tenía
tu abuelo paterno
cuando miraba lejos.

Hacer tu nariz
tomó un largo tiempo
para que percibieras
la infinidad de aromas
que tienen las frutas
los perfumes del huerto
y el olor del cariño.

Dibujamos tus labios,
delineamos mejillas
y el caracol de la oreja
que evoca al mar
con su eco nocturno
de vaivén de olas
y suavidad del agua
que deja en la playa
un beso húmedo
que no termina nunca.


Creciste.
Armaste tu casa de campaña
en mi vientre.
A ratos me vencía el cansancio
y despertaba pensando en ti
ofreciéndote, amor,
mis sinceras disculpas
porque me dolía tu peso
tus movimientos bruscos
contra mis costillas
mi hígado, mis riñones,
mis pobres huesos
movidos de lugar,
hechos a un lado, apartados
de su curva original.

Llegó el momento.
Tomó forma el sentimiento
y llovió dentro de mí.

Estalló una tormenta
que rompió la fuente
y la luz de atardecer
que rodeaba tu cuerpo
se volvió claridad
de mediodía.

No cabías más en mí
empujaste tu ser
por el túnel de la vida
y el dolor me abarcó
por completo.

Cada músculo mío
se alargó en tensión
y me mojé en sudor
mi sangre empapó
las sábanas
supliqué, vida mía
en cada contracción
que terminara pronto
el suplicio enorme
de partirme en dos
y de abrir mi ser
para tu nacimiento.

Vi tu cara
pequeña, rojiza,
llena de arrugas
un anciano en miniatura.

Tu cabeza adolorida
deforme todavía
por la estrechez de la salida
era, sin embargo,
la más bella prueba
del amor de Dios
y Su aliento soplaba
sobre aquel quirófano.

Entonces fui, sin duda
la mujer más feliz
de toda la historia
de las mujeres felices
que en el mundo han sido.


Esto que te narro, mi amor,
fue tan solo
el principio.

viernes, 9 de mayo de 2014

Invitación


La Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras, tiene el gusto de extender la invitación del Instituto Queretano para la Cultura y las Artes a la Conferencia Magistral a cargo de nuestra compañera la 

Maestra Luz Amelia Armas Briz

Será un honor contar con su asistencia